Entrevista a Víctor Sampedro “Todo el que dispara un arma pierde la razón”

En la sección de terrorismo y ciberterrorismo, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Víctor Sampedro.

Víctor Sampedro Blanco, nació en Viveiro (Lugo) en 1996, es Doctor en Ciencias de la Información (Universidad de Navarra, 1990 / UCM, 1995). Más tarde obtuvo dos Maestrías en Ciencias Sociales Avanzadas (Instituto Juan March, Madrid, 1993) y en Mass Communications (Northwestern Univ, Illinois, 1994).
Ha ejercido la docencia en la Universidad de Salamanca y ha sido profesor invitado en multitud de universidades extranjeras. Actualmente, es Catedrático de Opinión Pública en la URJC.
Desde su experiencia y conocimiento del mundo asociado a los movimientos sociales e Internet, accede a la realización de esta entrevista:

P. ¿Qué le sugiere la palabra “terrorismo”?, ¿cómo lo definiría?
R. Lo que me sugiere es asco. Cuando se ceba en los civiles es una de las formas de violencia más repugnante: los terroristas asesinan o hieren a ciudadanos de a pie para conventirlos en rehenes de su miedo, considerándolos “objetivos militares” (a la misma altura que los militares y los policías). Atacan a aquellos que se han negado a vestir uniforme y pretenden convertirlos en rehenes del miedo que les provocan los atentados y de un estado que cada vez se hace más represivo. Todo el que dispara un arma pierde la razón; de ahí dos consecuencias: (a) que sólo pueda justificarse en términos de “regicidio”: el asesinato contra la cabeza de un estado con un sistema de opresión insoportable (y este adjetivo no es banal); algo que acepta incluso la Santa Madre Iglesia. Y (b) que una vez tomadas las armas haya que abandonarlas cuanto antes, para que vuelva a imperar la fuerza de la razón frente a la de la fuerza bruta.

P. En España existen aproximadamente 1.000 mezquitas, ¿piensa que en ellas se propagan ideas radicales procedentes de la religión y que esto puede agravar la tensión en nuestro país, dado el gran número de musulmanes que residen en él?
R. No, sería como pensar que las iglesias católicas fomentan el fundamentalismo cristiano que a veces proclaman desde sus púlpitos. No ha habido detenciones de redes islamistas en las mezquitas españolas, eso es un hecho. Y las más radicales son las subvencionadas por regímenes como Arabia Saudita, que goza de muy buena prensa y relaciones diplomáticas. Equiparar árabe con creyente del Islam e islamista con terrorista es no sólo una equivocación sino un insulto xenófobo (miedo al diferente) a una religión y a una civilización; las mismas que reintrodujeron la cultura grecolatina en este país (Averroes, Maimónides…) o que ahora, con las revoluciones de terciopelos, nos dan lecciones de cómo pudimos haber hecho una Transición desde abajo.

P. Actualmente, es muy utilizado el término “ciberterrorismo”, ¿cómo cree que ha afectado en los diferentes ataques esta nueva vertiente del terrorismo?
R. El terrorismo, como toda actividad política, se ha nutrido de redes sociales. Si estas, gracias a las tecnologías digitales, se pueden tejer con poco dinero, sin límites de tiempo ni espacio, el ciberterrorismo se multiplica. Pero no más que los esfuerzos de los estados por controlar la Red, incluso contra las libertades fundamentales más básicas. Por ejemplo, definir la piratería (el intercambio gratuito de archivos) como un delito y de ahí pasar a compararla con el terrorismo (algo que han hecho algunos “creadores” de este país) justifica leyes como la Sinde: te pueden cerrar el blog o quitar la conexión, sin garantías judiciales. ¿Te imaginas lo que significaría para los japoneses carecer de Internet en medio del tsunami y la crisis nuclear?

P. Dadas las recientes y presentes revueltas desarrolladas en el Magreb, ¿qué podría aportar desde su punto de vista en relación al papel que ha jugado en ellas Internet?
R. En el Magreb y Oriente Medio, Internet y las redes sociales han sido el instrumento de comunicación de las nuevas generaciones, que han dado capacidad de convocatoria y auto-organización a redes de resistencia previas – sindicatos, huelgas previas… – contra las dictaduras que apoya(ba) Occidente. Internet ha dado voz a la generación que está dispuesta a acabar con los regímenes poscoloniales impuestos en la Guerra Fría. Pero también ha sido y está siendo una importantísima herramienta para controlar a la población. Todo lo que hacemos y decimos en la Red deja rastros, fáciles de seguir, a no ser que alguien como Wikileaks te asegure el anonimato. Manning, el chaval responsable de las filtraciones a Wikileaks, lleva un año torturado porque se fue de la lengua en un chat.

P. El tema “Wikileaks” está poniéndose de moda, ¿qué opina de estas filtraciones y su repercusión en las revueltas del Magreb?
R. Wikileaks ha puesto en evidencia que vivimos regímenes de pseudocracia (donde imperan la mentira oficial y el doble lenguaje) y securocracia (donde la libertad se sacrifica por “la seguridad”). Wikileaks ha tenido en el Magreb la respuesta social que tuvieron los papeles del Pentágono en los años 70 en EE.UU. Los jóvenes, en alianza con las generaciones opositoras más mayores, se han sentido llamados a expulsar de los gobiernos a los mentirosos y corruptos. Aquí debiéramos pensar por qué no ha ocurrido lo mismo y, si no nos hemos acostumbrado a que mande la mentira (pseudocracia) y se corrompa nuestro régimen de libertades en nombre de una seguridad que nos hace más indefensos (securocracia).

P. Los grupos organizados han demostrado tener un gran conocimiento tecnológico, ¿de qué tecnologías se sirven normalmente los terroristas al organizar y realizar sus ataques?
R. No lo sé. No tiene nada que ver el ciberterrorismo con lo que hacen Wikileaks y Anonymous. Sí se parece mucho Mubarak a los gobernantes holandeses y británicos que detuvieron a jóvenes por usar la Red para difundir y proteger a Wikileaks. Y, desde luego, esta última es más emancipatoria para nosotros que los grupos antiterroristas de los estados que están viendo el mail por el que te envío este texto. Unos dan la cara y otros nos. Unos apuestan por la transparencia y otros por el engaño. Unos nos autoconvocan a que les enviemos filtraciones, otros a que nos callemos. Unos nos dicen que nos movamos, otros que nos quedemos quietos: atendiendo a lo que nos quieran decir en cada momento.

P. Hemos podido comprobar que Al- Qaeda disfruta con sus atentados en la manera en que difunde los mismos mediante imágenes, como si de una forma propagandística se tratase, ¿cuál es su opinión al respecto? ¿Cree que es una forma estratégica para crecer?
R. No sé si disfrutan, lo dudo. Dudo que el goce verdadero tenga algo que ver con el asesinato. Lo que sí saben es de nuestra fascinación por los grandes espectáculos, por la masacre y el morbo que despierta para unos medios entregados al sensacionalismo. Es una manera de aprovechar lo bajo que hemos caído en nuestros deseos de entender y ver el mundo que nos rodea. Utilizan a las poblaciones civiles como extras de un decorado. Lo mismo que aquellos a los que se oponen: víctimas colaterales; pero muchas, porque ahora no se abren los telediarios con un simple tiro.

P. ¿Cree que existe la solución para erradicar este tipo de violencia tan extendida?
R. Sí y sólo una. Más democracia, según Aristóteles, el gobierno de los pobres. Está claro que quien tiene o puede participar en un medio de comunicación, una empresa, un partido o un estado no se lía a poner bombas.

P. Por último, me gustaría preguntarle ¿qué futuro prevé para el terrorismo islámico?
R. Si mejoran las condiciones de vida y de participación política de las poblaciones árabes, tendrá el mismo futuro que todo terrorismo que carece de base social: será un engendro de violencia, un residuo de fanáticos. Si se sigue apoyando una política exterior terrorista (invasiones de países como Irak, Afganistán, ¿Libia?…) y se imponen nuevos dictadores con caras nuevas allá donde han caído los corruptos; el terrorismo islámico crecerá al tiempo que aumenta el antiterrorismo que justifica el fin de las libertades para hablar de democracia. No olvidemos que EE.UU. financió y financia a los talibanes y a los Hermanos Musulmanes de Egipto; fue Occidente el que apostó en los años 80 por fomentar el Islam fundamentalista para combatir el comunismo. Los terroristas islámicos son los cuervos que criamos y ahora nos quitan los ojos: no nos dejan ver quién de verdad es el enemigo.

Muchas gracias por su atención y amabilidad.
Rebeca Ortiz

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