El Gobierno de Bachar el Asad ya no oculta sus intenciones

Crecen las protestas del pueblo sirio frente a su presidente, que reprime a sangre y fuego los levantamientos ciudadanos.

Las revueltas de Túnez y Egipto parecen quedar ya muy atrás, pero sus consecuencias, siguen aún hoy, muy vigentes. Cuando estas se iniciaron, se alzaron como insignia del poder de los ciudadanos para conseguir el cambio. Esto a su vez, era un aviso para el resto de países árabes, con sistemas políticos parecidos a los regimenes de Ben Alí o Mubarak. Parece que ningún dirigente ha captado las señales.

Es el caso de Siria y su presidente, Bachar el Asad que tras más de cuatro décadas en el poder, parece no haber aprendido nada de sus vecinos. Tras iniciarse las protestas ciudadanas, Asad tuvo la oportunidad de atender por la vía pacífica los reclamos del pueblo sirio, para evitar el surgimiento de situaciones similares a Túnez, Egipto o Libia, pero no fue así.

La respuesta del régimen no sólo ha sido el desprecio a las peticiones de su pueblo, si no que parece desear el conflicto. A pesar de que ha intentado ocultar la verdadera naturaleza de su gobierno, ya no puede engañar a nadie. Asad, al igual que una lista, cada vez más larga de dirigentes magrebíes, no comprende la ola de cambio político que sacude el Magreb.

Cobra especial relevancia ahora (al menos en el caso de Siria), al destaparse la verdad, que Siria y Argelia, fueran los únicos miembros de la Liga Árabe que no apoyaron el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre Libia. La razón de no apoyar al resto de países miembros de la Liga Árabe y a la Comunidad Internacional, está ahora más clara que nunca: su intención, muy parecida a la Gadafi, es recurrir a la brutal represión contra su propio pueblo para acallar las protestas.

Posición complicada la que ha tomado Asad, puesto que se arriesga, al igual que su homólogo libio, al aislamiento internacional, puesto que las grandes potencias occidentales no pueden fingir durante más tiempo, que del diálogo con estos tiranos, pueda resultar algo semejante a un sistema democrático.

Siria no sólo puede resultar aislada internacionalmente, sino también regionalmente. Si las revueltas en Túnez y Egipto siguen su curso, esta en juego el ostracismo regional si mantiene su postura de atacar a la población.

Por el momento, las revueltas sirias dejan la escalofriante cifra de un centenar de muertos en sólo una semana. Esta represión contra la población, no hace sino deslegitimar definitivamente al régimen sirio, sin conseguir doblegar la voluntad del pueblo.

Aún así, la revuelta siria continúa extendiéndose. Los ciudadanos están dispuestos a poner fin a más de 40 años tiranía, nepotismo y corrupción, y ser partícipes de esa primavera política que comienza a florecer en toda la zona del Magreb.

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